martes, 10 de julio de 2012

La Mansión de los Horrores


Capilla, Habitaciones y el Gran Final.

Resuena el tañido de una campaña en la lejanía, escucho un canto en latín mientras nos acercamos.
Exortizamust te, omnis immundus spiritus, omnis satanica…
Una y otra vez, repite la misma frase y de vez en cuando se escucha el grito de dolor de un hombre. La capilla parece lo más normal de todo el caserón, con las cruces colgadas y velas para iluminarlo todo. Veo arrodillada a la mujer que repite la frase en latín, que más que una oración suena a una invocación satánica. Apenas podemos ver nada de esa monja, está cubierta por una túnica negra. Empieza a pasearse entre nosotros un hombre sin camiseta, con toda la espalda ensangrentada y dándose latigazos con unas cuerdas. La mujer se levanta, poniendo los brazos en cruz y girándose lentamente y avanzando hacia nosotros. Coge un cuenco y moja en él un palo de metal, lo sacude hacia nosotros, y al secarme me doy cuenta de que me acaban de empapar con sangre. Grito. Nos juntamos más todavía y al retroceder huyendo de ella choco con el hombre, que enloquece y empieza a correr entre nosotros, rompiendo la formación. Me siento insegura porque no estoy rodeada de gente. La monja cada vez grita más fuerte y se acerca a algunos de nosotros. A veces parece totalmente amable, pero después se vuelve loca y nos agarra del pelo y pega.
-- Coged el agua del señor – nos dice la monja señalando una especie de botellas de metal con relieves – os protegerán de los impuros… sois unos impuros – sigue salpicándonos y exorcizando todo. Agarramos todas las botellas, están frías, pero eso es lo menos importante ahora. Quiero huir corriendo a algún lugar lejos de esa capilla, de esa mansión… pero cuando lo intento, la guía me frena con la cara muy seria.
-- La misa a terminado, tenemos que irnos, la señorita quiere verlos – la monja grita y se tira al suelo como llorando mientras nosotros avanzamos.
Llegamos a un pasillo con puertas a los lados. Por primera vez, no hay gritos, ni ruidos. De repente empieza a escucharse una canción infantil. La guía continúa su camino y abre una de las últimas puertas.
-- ¿Quería vernos, señorita? – le dice a una niña pequeña que esta sentada en el suelo jugando con siniestros juguetes rotos.
-- Yo solo estoy jugando – dice mientras sigue cantando.
-- ¿Quiere amiguitos para jugar, señorita? – dice una doncella en la que me acabo de fijar. Nos mira y sigue sacudiendo el plumero, a pesar de que no se mueve ni una mota de polvo.
-- Jugad con ella – nos dice la guía – JUGAD CON ELLA – corremos a sentarnos cerca de la pequeña y cogemos algunos muñecos para que nos diga que hacer, pero ella tira los que tiene en la mano.
-- No toquéis mis juguetes – dice con un susurro que apenas podemos oir. Noto que la doncella se está acercando con el plumero, pero yo no me muevo por miedo a que eso provoque algo malo.
-- No toquéis mis juguetes – dice, esta vez más alto. Todos soltamos las muñecas y esperamos que todo se calme con eso.
-- NO TOQUÉIS MIS JUGUETES – tanto la niña como la doncella se abalanzan sobre nosotros, derribándonos y tratando de pegarnos. Nos defendemos, pero sus cuerpos fríos no se inmutan.
Nos llevamos varios arañazos y moratones pero de repente paran y todo se queda silencioso, solo se escuchan nuestros llantos y respiraciones agitadas.
-- La señora de la casa está lista para recibirles ahora – dice la guía. La niña y la doncella se retiran y se alejan lentamente.
La guía nos lleva más adelante y presiento que se acerca el final, no se si de mi vida o solo de la pesadilla.
-- Ha sido un placer traerles hasta aquí, pero deben continuar solos… más adelante se encuentra la Señora de la casa, deben acercarse a ella y mostrarle sus respetos si quieren salir de aquí con vida… -- se detiene y nos indica el camino con el brazo. Avanzamos a tientas entre la oscuridad hasta que aparece ante nosotros un círculo de velas. En el centro, una mujer está tumbada con las manos entrelazadas sobre el pecho. Vista así, no me parece aterradora, me inspira paz y me relaja. Aprieto con más fuerza la botella entre mis manos y avanzo hasta la mujer. Nos quedamos mirándola, expectantes, esperando que haga algo, pero no pasa nada durante un rato.
Cuando ya creemos que no va a ocurrir nada, abre los ojos de repente. Nos mira y al segundo se combustiona como si le diera un ataque epiléptico. Chorrea sangre de su boca entre abierta y cuando nos separamos de ella gritando nos damos cuenta de que estamos rodeados por todas las personas que nos hemos encontrado en la casa. Cada uno de ellos nos grita algo y entre tanto alboroto no puedo entender nada, solo “Usad el agua en vosotros” Se acercan más nos gritan que nos mojemos con el agua que llevamos en las manos que después de eso se habrá acabado todo y que podremos estar en la mansión sin problemas. En un movimiento sincronizado, abrimos las botellas y nos rociamos unos a otros. Quema, esa agua quema y abrasa la piel. Caigo de rodillas gritando y creo que mis compañeros también lo hacen. Todo a mi alrededor es oscuro de repente y solo puedo concentrarme en el insoportable dolor que me sacude el cuerpo con cada gota que ese infernal ácido avanza por mi piel. Grito cuando el ácido comienza a quemar mis entrañas.
Luego todo está tranquilo. Ya no hay dolor, ni fuego, ni nada… Todo es oscuridad. Creo que estoy muerta y he de admitir que esto de la otra vida me desilusiona. Trato de moverme, pero me pesa el cuerpo o lo que sea que tengo ahora. Escucho la voz de una niña pequeña que canta una canción infantil. Entonces abro los ojos. Estoy tumbada en una cama. Me incorporo lentamente y miro como a la derecha de la cama la niña pequeña juega. Entonces se gira, me mira y sonríe. Miro a mi izquierda y veo mi reflejo en un espejo. Me observo durante largo rato y entonces lo comprendo todo. Mi piel está pálida, un pálido enfermizo. Tengo unas profundas ojeras a pesar de que estoy segura que he dormido mucho tiempo. Y tengo los labios pintados de rojo, de un rojo tan intenso que podría habérmelos pintado con sangre…
Alguien llama a la puerta y la Guía entra con una sonrisa. Escucho una voz gritar en la lejanía “¿Hola? ¿Hay alguien? Nos dijeron que viniéramos”
-- Será mejor que te levantes… tenemos trabajo…

lunes, 9 de julio de 2012

Portada: La Mansión de Los Horrores

Bueno normalmente no hago estas cosas, quiero decir, dedicarme ha hacer portadas, pero vi la foto por internet y dije: Dios mio es perfecta!! Y me puse a darle un par de retoques xDDD Espero que os guste.
Aquí la original:

Y aquí la fututra portada de la historia xDD:

Mansión de los Horrores


Salón y Comedor.

Me tiemblan las manos y noto las gotas de sudor resbalar frías por mi espalda. Los gritos se van acercando, o más bien somos nosotros los que vamos hacia ellos. Son voces masculinas, se insultan y noto un deje de dolor en ellas.
-- Que gran honor – dice la guía girándose hacia nosotros – vais a conocer al dueño de la Mansión, no sabéis lo afortunados que sois – sigue avanzando hasta que estamos frente a dos grandes puertas de madera. Las abre con un fuerte empujón y entramos en lo que debe ser el Salón Principal de la casa.
Sentado en una silla hay un hombre muy bien vestido, lleva una camisa blanca y una corbata. Es un chico joven, más de lo que me había imaginado en un principio. Tras él, otro chico alto con una cuchilla en la mano le está afeitando. Ambos están pálidos, como todos los demás, y me pregunto si acabaré así de blanca cuando llegue al final del recorrido. Me fijo en que el mayordomo lleva una soga atada al cuello. Nuestro anfitrión se pone en pie para darnos la bienvenida.
-- Mis queridos huéspedes – dice con una sonrisa que se me antoja siniestramente agradable – espero que el personal os esté tratando debidamente y que estéis eligiendo el papel que queréis desempeñar en este caserón – ninguno de nosotros sabe como reaccionar y él pierde la sonrisa ante nuestra aparente indiferencia. Se dio la vuelta con aire regio y se volvió a sentar. Con un movimiento de la mano, el mayordomo se acerca como para seguir afeitándole, pero agarrándole del  pelo y estirándole de la cabeza hacia atrás, hizo un corte de lado a lado de su cuello. La sangre empieza a brotar y resbala entre sus dedos cuando se lleva las manos al cuello. Debería caer al suelo, muerto, formar un charco de sangre a su alrededor, pero se pone en pie, sacude las manos salpicándonos a todos y se gira. Agarra la soga del cuello del mayordomo y tira bruscamente de ella, arrojando a ambos al suelo. Se enzarzan en una pelea y ruedan por el suelo, manchándolo todo de sangre a su paso. La guía llama nuestra atención con un grito que apenas entiendo y nos obliga a seguir avanzando, dejando a esos dos peleando a… diría que a muerte, pero algo me grita en la cabeza que llevan más tiempo muertos del que podría llegar a pensar.
Dos cadáveres acaban de saltar sobre nosotros, derribando a algunos entre gritos y arañazos. Por un momento el pánico prácticamente a reinado entre el grupo, ninguno se esperaba semejante ataque. Corremos hasta la siguiente habitación que encontramos, y poco después entre la guía con una risita. En el centro de la habitación hay una mesa iluminada con velas y dos chicos completamente iguales están al final de ella.
-- Me alegra… – dice uno.
-- Que hallan llegado – completa el otro.
-- Siéntense en la… -- pide el primero.
-- Mesa, por favor – termina el segundo. Dan demasiada grima, completándose las frases el uno al otro. Poco a poco nos vamos sentando alrededor de aquella mesa, mirándonos confusos los unos a los otros.
-- Esperamos que les…
-- guste la comida – traen una bandeja y dejan delante de nosotros unos platos que no tienen muy buena pinta. Para ser exactos, parece vómito revuelto con basura y mierda. Nos miran expectantes esperando que comamos.
-- Adelante, comed – dice la guía – es el plato especial… -- me llevo un poco de lo que fuera aquello a la boca y tengo que retirarme para vomitar. El regusto a bilis es más agravadle que el sabor de la comida, que solo me trae a la mente una pila de cadáveres humeantes.
-- ¿No os ha…
-- gustado? – me da miedo decirles la verdad y no se que responder. Nadie dice nada y ante esto los camareros enloquecen y empiezan a tirar la comida de la mesa a manotazo limpio, embadurnándonos en esa bazofia.
-- Será mejor que continuemos… -- dice la guía y su tono de voz consigue que se me retuerza el corazón con pánico – es hora de la misa de medianoche…

martes, 3 de julio de 2012

Mansión de los Horrores


La Mansión de los Horrores: Recepción y Cocinas.


Llegamos, y la primera visión del lugar consiga que me estremezca. Parece que no haya nadie a nuestro alrededor y todo se mantiene en el más absoluto de los silencios. No sabemos muy bien que hacer, todo es confuso. En el punto de partida nos dijeron que viniéramos aquí, que nos darían las instrucciones. Alguien dentro del grupo llama a gritos a alguien para que venga a atendernos, pero parece que solo la niebla le escuche. 

– Buenas noches – de la nada aparece una mujer y gritamos por el susto – gracias por venir, les estábamos esperando… – todo en ella da desconfianza y miedo. Va vestida con un vestido blanco, lleno de manchas marrones y rojas que espero que no sean de sangre y barro, por que si lo son nos hemos metido en la boca del lobo. Lleva el pelo totalmente enmarañado y cubriéndole la cara, de forma que solo podemos ver parte de un rostro pálido con ojeras, pero lo que me más me llama la atención son sus labios rojos, de un rojo tan intenso que podría pintárselos con sangre.
– Lamento la espera – dice con una sonrisa diabólica – pero estaba ocupada – le pone una mano en el hombro a alguien del grupo – pero ya estamos listos para la visita, bienvenidos a la Mansión – hace un ademán con la mano, indicándonos el camino – seguidme, yo os iré guiando por la casa y os iré diciendo cuales serán vuestras tareas mientras estéis aquí – empieza a andar delante de nosotros pero se para a mitad de camino y se gira rápidamente – y recordad que no debéis separaros del grupo por que si os perdéis, cosas horribles podrían pasaros – prosigue con su camino mientras nosotros andamos detrás. Llegamos a lo que debe ser la entrada principal, y nada más entrar unos golpes llaman nuestra atención, sobresaltándonos.
– Parece que alguien nos necesita en la cocina – dice la guía sonriendo de la manera más siniestra que me puedo imaginar. Nos lleva más adelante en el recorrido y cada paso que damos los golpes son más rápidos y fuertes. Por un segundo todo se queda en silencio.
– Mira, tenemos compañía entre los fogones – se escucha una voz desde algún sitio, aunque no podemos ver quien habla.
– Si, por fin han llegado los ayudantes – le responde otra voz desde el lado opuesto. Aparecen dos personas dando golpes con cucharas en cacerolas y se acercan a nosotros lentamente, dando un golpe con cada paso – se parecen bastante a nuestra guía, pálidos como cadáveres, con ojeras y los labios rojos como la sangre.
– Estos son los cocineros de la Mansión – explica la guía.
– Veamos quien de vosotros trabajará en las cocinas – siguen dando golpes a las cacerolas mientras nos gritan que nos sentemos. Les obedecemos rápidamente, ya que nos amenazan con la cubertería.
– Todo buen cocinero debe saber reconocer sus platos estrella – uno de ellos acerca una olla más grande y la pone en el centro del circulo – os iréis levantando e iréis diciendo que plato hemos cocinado… os voy a dar una pista para que os sea más sencillo… solo han muerto tres personas para hacer este plato… – la guía, y los dos cocineros sueltan una carcajada estridente y malvada.
Uno a uno nos levantamos y metemos las manos en aquella fuente. Esta cubierta por una tela negra con agujeros y no podemos ver lo que hay en el interior. Cuando lo toco, lo primero que se me viene a la mente es un cerebro humano. Lo que sea que estoy tocando esta pringoso y se me escurre entre los dedos, creo de verdad que lo que hay aquí estuvo antes dentro de la cabeza de alguien y cuanto más lo pienso más ganas de vomitar me entran. Cuando saco las manos, están completamente rojas, las miro y grito, cayéndome hacia atrás horrorizada. Los cocineros se ríen de mí y me miran.
Durante un segundo deseo quedarme en las cocinas, por sus caras puedo imaginar que lo que espera en el resto de la mansión es mucho peor. La guía nos hace ponernos de pie y les susurra algo al oído a los cocineros que nos miran uno a uno, sonríen y asienten. Durante un momento espero que hayan decidido que podemos quedarnos aquí y que la pesadilla no pasara de esas puertas, pero una serie de gritos me saca de mi ensoñación y la guía nos hace ponernos en marcha. Los cocineros nos despiden con golpes de cacerolas y vuelven a esconderse entre las sombras de donde salieron mientras nosotros avanzamos entre golpes y gritos. La pesadilla no ha hecho más que empezar.