Capilla, Habitaciones y el Gran Final.
Resuena el tañido de
una campaña en la lejanía, escucho un canto en latín mientras nos acercamos.
Exortizamust te, omnis immundus spiritus, omnis
satanica…
Una y otra vez, repite
la misma frase y de vez en cuando se escucha el grito de dolor de un hombre. La
capilla parece lo más normal de todo el caserón, con las cruces colgadas y
velas para iluminarlo todo. Veo arrodillada a la mujer que repite la frase en
latín, que más que una oración suena a una invocación satánica. Apenas podemos
ver nada de esa monja, está cubierta por una túnica negra. Empieza a pasearse
entre nosotros un hombre sin camiseta, con toda la espalda ensangrentada y
dándose latigazos con unas cuerdas. La mujer se levanta, poniendo los brazos en
cruz y girándose lentamente y avanzando hacia nosotros. Coge un cuenco y moja
en él un palo de metal, lo sacude hacia nosotros, y al secarme me doy cuenta de
que me acaban de empapar con sangre. Grito. Nos juntamos más todavía y al
retroceder huyendo de ella choco con el hombre, que enloquece y empieza a
correr entre nosotros, rompiendo la formación. Me siento insegura porque no
estoy rodeada de gente. La monja cada vez grita más fuerte y se acerca a
algunos de nosotros. A veces parece totalmente amable, pero después se vuelve
loca y nos agarra del pelo y pega.
-- Coged el agua del
señor – nos dice la monja señalando una especie de botellas de metal con relieves
– os protegerán de los impuros… sois unos impuros – sigue salpicándonos y exorcizando
todo. Agarramos todas las botellas, están frías, pero eso es lo menos
importante ahora. Quiero huir corriendo a algún lugar lejos de esa capilla, de
esa mansión… pero cuando lo intento, la guía me frena con la cara muy seria.
-- La misa a terminado,
tenemos que irnos, la señorita quiere verlos – la monja grita y se tira al
suelo como llorando mientras nosotros avanzamos.
Llegamos a un pasillo
con puertas a los lados. Por primera vez, no hay gritos, ni ruidos. De repente
empieza a escucharse una canción infantil. La guía continúa su camino y abre
una de las últimas puertas.
-- ¿Quería vernos,
señorita? – le dice a una niña pequeña que esta sentada en el suelo jugando con
siniestros juguetes rotos.
-- Yo solo estoy
jugando – dice mientras sigue cantando.
-- ¿Quiere amiguitos
para jugar, señorita? – dice una doncella en la que me acabo de fijar. Nos mira
y sigue sacudiendo el plumero, a pesar de que no se mueve ni una mota de polvo.
-- Jugad con ella – nos
dice la guía – JUGAD CON ELLA – corremos a sentarnos cerca de la pequeña y
cogemos algunos muñecos para que nos diga que hacer, pero ella tira los que
tiene en la mano.
-- No toquéis mis
juguetes – dice con un susurro que apenas podemos oir. Noto que la doncella se
está acercando con el plumero, pero yo no me muevo por miedo a que eso provoque
algo malo.
-- No toquéis mis
juguetes – dice, esta vez más alto. Todos soltamos las muñecas y esperamos que
todo se calme con eso.
-- NO TOQUÉIS MIS
JUGUETES – tanto la niña como la doncella se abalanzan sobre nosotros,
derribándonos y tratando de pegarnos. Nos defendemos, pero sus cuerpos fríos no
se inmutan.
Nos llevamos varios
arañazos y moratones pero de repente paran y todo se queda silencioso, solo se
escuchan nuestros llantos y respiraciones agitadas.
-- La señora de la casa
está lista para recibirles ahora – dice la guía. La niña y la doncella se
retiran y se alejan lentamente.
La guía nos lleva más
adelante y presiento que se acerca el final, no se si de mi vida o solo de la
pesadilla.
-- Ha sido un placer
traerles hasta aquí, pero deben continuar solos… más adelante se encuentra la
Señora de la casa, deben acercarse a ella y mostrarle sus respetos si quieren
salir de aquí con vida… -- se detiene y nos indica el camino con el brazo. Avanzamos
a tientas entre la oscuridad hasta que aparece ante nosotros un círculo de
velas. En el centro, una mujer está tumbada con las manos entrelazadas sobre el
pecho. Vista así, no me parece aterradora, me inspira paz y me relaja. Aprieto
con más fuerza la botella entre mis manos y avanzo hasta la mujer. Nos quedamos
mirándola, expectantes, esperando que haga algo, pero no pasa nada durante un
rato.
Cuando ya creemos que
no va a ocurrir nada, abre los ojos de repente. Nos mira y al segundo se combustiona
como si le diera un ataque epiléptico. Chorrea sangre de su boca entre abierta
y cuando nos separamos de ella gritando nos damos cuenta de que estamos
rodeados por todas las personas que nos hemos encontrado en la casa. Cada uno
de ellos nos grita algo y entre tanto alboroto no puedo entender nada, solo “Usad
el agua en vosotros” Se acercan más nos gritan que nos mojemos con el agua que
llevamos en las manos que después de eso se habrá acabado todo y que podremos estar
en la mansión sin problemas. En un movimiento sincronizado, abrimos las
botellas y nos rociamos unos a otros. Quema, esa agua quema y abrasa la piel.
Caigo de rodillas gritando y creo que mis compañeros también lo hacen. Todo a mi
alrededor es oscuro de repente y solo puedo concentrarme en el insoportable
dolor que me sacude el cuerpo con cada gota que ese infernal ácido avanza por
mi piel. Grito cuando el ácido comienza a quemar mis entrañas.
Luego todo está
tranquilo. Ya no hay dolor, ni fuego, ni nada… Todo es oscuridad. Creo que estoy
muerta y he de admitir que esto de la otra vida me desilusiona. Trato de
moverme, pero me pesa el cuerpo o lo que sea que tengo ahora. Escucho la voz de
una niña pequeña que canta una canción infantil. Entonces abro los ojos. Estoy
tumbada en una cama. Me incorporo lentamente y miro como a la derecha de la
cama la niña pequeña juega. Entonces se gira, me mira y sonríe. Miro a mi
izquierda y veo mi reflejo en un espejo. Me observo durante largo rato y
entonces lo comprendo todo. Mi piel está pálida, un pálido enfermizo. Tengo unas
profundas ojeras a pesar de que estoy segura que he dormido mucho tiempo. Y
tengo los labios pintados de rojo, de un rojo tan intenso que podría habérmelos
pintado con sangre…
Alguien llama a la
puerta y la Guía entra con una sonrisa. Escucho una voz gritar en la lejanía “¿Hola?
¿Hay alguien? Nos dijeron que viniéramos”
-- Será mejor que te
levantes… tenemos trabajo…

