Bueno, este es un relato con los personajes de Sherlock (serie de la BBC de la cual no tengo ningun tipo de derecho ni busco lucrarme con ello) de tematica homosexual (chico x chico). Es un preestreno de la historia, ya que la voy a subir aqui antes que en el resto de paginas donde publico jajaja espero que os guste!!
Dedicado a mis #Cabreados de twitter que hacen que me ria todas las noches con las locuras y las escenitas que montan!! Mucho love y muchos besos de vuestro Anderson Enfurecido más odiado!!
BESOS!! y ME CAGO EN MI PIERNA!!
Capítulo 1: El asesinato de Brittany Jones.
Sonó el timbre, y todos
los alumnos esperaban sentados y hablando al profesor. Cuando llegó, después de
una pequeña charla informal, mandó a la joven Brittany Jones a por un trozo de
tiza para escribir en la pizarra. Después de treinta minutos, el profesor salió
al pasillo, molesto por la tardanza de la chica. Encontró su cadáver en el
suelo del pasillo, con un disparo en la cabeza y un mensaje nuevo en el
teléfono móvil.
*
* *
La melodía del violín
inundaba el 221B de Baker Street. Sherlock Holmes, el único detective asesor
del mundo, tocaba frente a la ventana de manera dramática mientras el doctor
Watson escribía su último caso en su Blog personal. Sherlock dejó de tocar
abruptamente con un suspiro exasperado.
– ¡Dios santo, John,
estoy aburrido! – dejó el instrumento sobre el sillón y caminó de un lado a
otro de la habitación como una fiera enjaulada.
– Tranquilo Sherlock –
John ni si quiera le miraba, ensimismado en lo que escribía en el ordenador.
– ¡Necesito un caso,
necesito un caso! – el detective asesor se llevó las manos a la cabeza.
– Nunca he visto a
alguien con tantas ganas de que muera alguien – comentó el doctor levantando
ligeramente la mirada.
– Eso es por qué no has
pasado unas navidades con la familia Holmes – Mycroft Holmes, hermano mayor de
Sherlock, entró en la habitación quitándose la gabardina y dejándola en el
respaldo de una silla.
– ¿Qué haces aquí,
Mycroft? – preguntó Sherlock de mala gana.
– Te traigo un caso… –
empezó a decir el mayor de los Holmes.
– No me interesa –
interrumpió el pequeño de mala gana.
– Creía que estabas
aburrido – señaló Mycroft alzando la voz.
– Pues te equivocas,
Mycroft, tengo muchos casos esperándome – Sherlock volvió a coger el violín y
empezó a tocar de manera estridente.
– Tienes que resolver
este caso Sherlock – Mycroft se empeñó en convencerle – tal vez si ves esto… –
el mayor sacó una bolsa de pruebas del bolsillo interior de su americana. En
ella, un teléfono móvil negro parecía estar llamándole.
– ¿De quién es? –
preguntó el detective asesor, sonando interesado por primera vez en toda la
conversación. Dejó el violín y le cogió el teléfono a su hermano, lo sacó de la
bolsa y empezó a investigarlo.
– Mira el último SMS,
fue enviado a la hora de la muerte – Sherlock se metió en la bandeja de entrada
de mensajes.
“LA PRIMERA, ESPERA LA
SIGUIENTE.
JM.”
Sherlock memorizó el SMS. Estaba
claro que era para él, igual que sabía quién lo firmaba.
– ¿Te dice algo, Sherlock?
– preguntó Mycroft, sacándole de su ensoñación.
– Absolutamente nada,
pero acepto el caso, vamos al instituto de esa chica – se guardo el móvil en el
bolsillo y se puso la gabardina mientras salía de la habitación – ¡vamos John!
– gritó desde las escaleras. El doctor miró un segundo a Mycroft y salió tras
su compañero con paso firme.
Se metieron en un taxi
y cuando estaban a mitad de camino, John se decidió a romper el silencio.
– ¿Qué había en el
mensaje? – preguntó.
– Una amenaza –
contestó Sherlock.
– ¿Para a chica? Pero
ella ni si quiera llegó a leer el mensaje…
– No, no era para ella…
era para mí – interrumpió Sherlock mirando por la ventanilla.
– ¿Para ti? ¿De quién?
– John, como siempre, parecía más alarmado que el propio Sherlock.
– De Moriarty – parecía
demasiado relajado, no dejaba nunca que algo le afectase. Los sentimientos eran
una debilidad y Sherlock Holmes no podía permitirse tener ninguna. John no dijo
nada de lo que se le pasó por la cabeza. Dijera lo que dijera, habría sido una
tontería para él. Le habría gustado que, por una vez, Sherlock no fuera un
completo misterio. Le gustaría saber qué se le pasaba por la cabeza cuando se
quedaba mirando a ninguna parte, olvidándose de que no estaba solo. Suspiró, no
merecía la pena intentar descifrar la mente del gran Sherlock Holmes. Por su
parte, el detective asesor miraba a su compañero por el rabillo del ojo. Solo
con un pequeño vistazo, ya sabía cada detalle que se pudiera deducir: dónde
había estado, con quién, cuándo… pero sobre todo vio la marca carmín del cuello
de su camisa. Apretó el puño dentro del bolsillo casi sin darse cuenta, pero no
dejó que se le viera en la cara. Trataba de ignorar ese sentimiento que
empezaba a aflorar dentro de él hacia John. Pero era complicado reprimirlo cuando
estaba cerca.
El taxi se detuvo
frente al instituto. Los coches de policía que estaban aparcados allí
despertaban gran interés por parte de los alumnos, y Sherlock tuvo que
esquivarlos para poder pasar. Caminaron en silencio por el patio y entraron en el
edificio. Dentro, les esperaba el director con el inspector Lestrade para
explicarles la situación.
– Señor Holmes, Doctor
Watson, gracias por venir – dijo el director – ha sido una verdadera desgracia
– se estrecharon la mano.
– Me gustaría ver el
cadáver – dijo Sherlock evitando conversaciones inútiles.
– Claro, le acompañaré,
aún no lo hemos movido…
– No… no, usted quédese
aquí, que me acompañe ella – señaló a una chica sentada junto a la puerta del
despacho de dirección que se limpiaba las lágrimas con un pañuelo de tela.
– ¿Ella? – el director
se sorprendió – pero es una alumna.
– ¡¿Solo una alumna?! –
Sherlock fingió estar alarmado e hizo aspavientos con los brazos – ¡Es la mejor
amiga de la victima! Por Dios, ¡¿Cómo que solo una alumna?! – el director la
llamó con un movimiento de la mano. La chica se secó las lágrimas una vez más y
se acercó.
– Esta es Elisabeth
Parker, estudiante y mejor amiga de la victima, ¿cómo lo ha sabido? – el
director estaba intrigado.
– Elemental – dijo
Sherlock mirando a la chica de arriba abajo – tiene un colgante que pone
“BESTFIE” pareja de uno que pone “NDSFOREVER” que seguro que lleva su mejor
amiga, además por las marcas de las lágrimas en el maquillaje lleva horas
llorando, más o menos el mismo tiempo que ha transcurrido entre el
descubrimiento del cuerpo, también tiene todas las uñas mordidas, es una manía
suya cuando está nerviosa, y en esta situación no es para menos. El pañuelo que
está usando para secarse las lágrimas tiene manchas de sangre, y como ella no parece
herida, esta claro que ha tenido contacto con el cadáver, muy probablemente
lanzándose a por él cuando fue hallado, pero ya se ha lavado las manchas más
importantes, aunque debería frotar mejor entre sus dedos, Srta. Parker… y eso
son solo los detalles, esta claro que tiene más o menos la edad de la lista y
que está relacionada de alguna forma con ella, sino no estaría esperando en la
puerta del despacho de Dirección justo cuando nos estaban esperando – todos se
quedaron en silencio, mirando a Sherlock alucinados, todos salvo Elisabeth, que
parecía haberse relajado después de escucharle hablar.
– Impresionan, Sr.
Holmes – expresó el director – entonces, Elisabeth les acompañará – la chica
empezó a andar por el pasillo. Cuando subían las escaleras, en silencio, no
soportó estar cayada más tiempo.
– ¿Afganistán o Irak,
Sr. Watson? – preguntó. El doctor recordó su primer encuentro con Sherlock
Holmes, quien la hizo esa misma pregunta antes de saludarle. Sus miradas se
cruzaron durante un segundo, Sherlock parecía sorprendido, algo muy extraño en
él.
– Afganistán… ¿Cómo
has…?
– Elemental – dijo sin
darse cuenta de que había usado la misma que el detective momentos antes, hizo
un movimiento para colocarse las gafas – esta claro, solo hay que verle, tiene
porte militar, se ve en su corte de pero y su postura erguida. Es medico, y eso
unido a lo que mencioné antes es medico militar. Cuando ha ido esquivando
alumnos a la entrada, ha intentado proteger instintivamente su hombro
izquierdo, por lo que deduzco que tiene dificultades con él. Militar, daño en
el hombro: un disparo. Está claramente curado, pero no lo bastante como para
que confía en él plenamente por lo que no hace demasiado tiempo. Solo hay dos
posibilidades que me encajen, es por eso que he preguntado ¿Afganistán o Irak?
– Elisabeth se encogió de hombros y siguió subiendo.
– Increíble – murmuró
John. Ambos hombres se miraron, confundidos, esa chica acababa de hacer una
deducción similar a la de Sherlock, y eso significaba que sabía mucho más de lo
que parecía y decía saber. Llegaron al pasillo, se saltaron el cordón policial
que habían colocado y se acercaron al cadáver. Elisabeth se llevó la mano a la
boca y empezó a morderse las uñas.
– Esta es Brittany
Jones – explicó – un disparo en la sien, hay orificio de entrada pero no de
salida, hora aproximada de la muerte: las 11:20 de la mañana, a quemarropa –
Watson confirmó cada palabra con un asentimiento de cabeza.
– Te acercaste a
examinar el cadáver – dijo Sherlock mirando a la joven – cuando lo descubrieron.
– en parte, pero si que
es verdad que era mi mejor amiga – dijo cruzándose de brazos – por cierto,
debería devolver su teléfono móvil, Sr. Holmes – Sherlock lo sacó del bolsillo.
– ¿Quién eres en
realidad, Elisabeth Parker? – el detective asesor la encaró.
– Todo a su debido
tiempo, Sr. Holmes – la chica se giró lentamente sobre los talones y comenzó a
marcharse – por cierto, le recomiendo que investigue a fondo los SMSs – remarcó
ligeramente el plural de la ocasión, más para que lo pillara John que para que
Sherlock lo hiciera. Desapareció por la escalera por la escalera por la que
habían llegado sin volver a girarse.