martes, 19 de noviembre de 2013

A mi padre...

Un pequeño poema dedicado a mi padre. Es una de esas cosas que jamás leerá y por eso subo. Un poema introspectivo que tiene más de personal y desahogo que de arte y ensueño.

Corre por mis venas
sangre negra del olvido
cruel sufrimiento
que el corazón aprieta
tiempo esperando
recuerdos de sonrisas
palabras que aun duelen
grabadas en mi piel
sentimiento de culpa
que desespera y ahoga
despierta el rencor acumulado
muere el amor hambriento
espera respeto
quien no respeta 
destroza la coherencia
de la esperanza
se aleja la hija
odiando a su padre.

jueves, 3 de octubre de 2013

Puños al aire

A veces en clase de Lengua española me vienen poemas a la cabeza, este es uno de ellos :)



Mareas de colores
gritando en la calle
niños que lloran
y mueren de hambre.
Sociedad vacía
rota y corrupta
gente que sufre
calla y escucha.
Puños al aire
de jóvenes tristes
puños al aire
de ancianos cansados
pierden derechos
por los que lucharon
quiebran los sueños
de los indignados.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Duerme y sueña

Bueno, aquí os dejo un pequeño poema inspirado, como no, en mi chica especial. Las mañanas de madrugones y las largas horas en transporte público me dan mucho tiempo para pensar, y como resultado, cada vez escribo más. Parece que la rutina a hecho que mis musas (o más bien mi musa) consiga que vuelva a escribir, algo que hace tiempo que no hago.




Duerme la niña cansada
duerme tranquila
abrazando su almohada.
La achucha y estrecha
la joven enamorada,
sonría soñando
de su fantasía es dueña.
Claroscuros secretos
en el mundo del sueño,
felicidad despierta
en la mente dormida,
distancia que se acorta
cerrando los ojos,
el corazón que palpita
en el pecho de otra.
Amor que se acerca
y es pura poesía,
todo siente la niña
cansada y dormida.

martes, 24 de septiembre de 2013

Poema en el tren.

Hoy mientras volvía en el tren de la facultad me ha venido la inspiración y he escrito un poema entre traqueteo y traqueteo. Espero que os guste.
Se lo dedico a mi querida Aran, con todo mi amor y cariño.





Canta a la mañana
tu pelo moreno.
Canta a la mañana
tu mirada tornasolada.
Canta a la mañana
su suave sonrisa.
Cantan a la mañana
tus besos de terciopelo.
Canta a la mañana
mi dulce ruiseñor dormido
sueña tranquilamente
con tu cuerpo
junto al mio.

miércoles, 5 de junio de 2013

Hijos de la Barricada

<< Nunca entendí porque todos los años este era un día triste. Normalmente, un sol radiante se imponía en un cielo totalmente despejado, soplaba una suave y fresca brisa que hacía que el ambiente fuera muy agradable. Los pájaros cantaban ajenos a todo en el cielo y todos los colores parecían más brillantes. Sin embargo, todo aquello que me encontraba desde que me despertaba recordaba a la muerte.
Nunca entendí porque mi madre salía de casa temprano con un ramo de margaritas y rosas blancas en la mano, porque mi padre se pasaba las horas mirando la bandera roja que tenía guardada en una caja, ni por qué Celle se negaba a salir de la habitación secreta que todos sabemos que tiene en lo alto de la torre del reloj.
El único que quería pasar algo de tiempo conmigo era Jul, y aun así la mayoría del tiempo me la pasaba como hablando solo, porque él se quedaba mirando por la ventana, ausente, con la cabeza perdida en pensamientos que iban más allá de lo que mi mente se podía imaginar. Siempre que le preguntaba evitaba mis preguntas. Incluso Aine y la buena de Nana no querían responderme. “Es mejor que te mantengas al margen, pequeño” decía Nana acariciándole el pelo “Es mejor vivir en la ignorancia”.
Una vez, cuando solo tenía diez años, me crucé con Lotte cuando salía de un mesón de mala muerte, botella en mano. “Tu no deberías quejarte” le dijo alargando las vocales como todo buen borracho “si tanto quieres enterarte ves a preguntarle a tus padres los burguesitos…” y tras eso se marchó tambaleante a quién sabe donde. Cuando después les pregunté a mis padres, lo único que obtuve fue una bofetada de mi padre y un castigo de mi madre. Nunca volvía a mencionarles el tema.
Nombres como Eponine, Grantaire, Amice, Enjorlas y en general Les Amis, no me eran desconocidos. Sabía que eran los padres de Mar, Azelma, Owain, Ari, Jul, Celle y el tal Sille, al que solo había visto una vez, pero del que había oído hablar mucho por Celle. También sabía que estaban muertos.
Cada cinco de junio, sobre todo cuando era pequeño y solo veía caras largas a mi alrededor, solo podía enfadarme con todo y todos. Les odiaba porque nadie me contaba nada, nadie me decía que había pasado antes de que yo naciera para que todos estuvieran así, y les odiaba porque todos intentaban apartarme ese día. Ahora, que soy más mayor y tengo capacidad de razonar, y aunque aún no he sido capaz de averiguar todo lo que pasó, sé que les dolía verme porque mis padres si que estaban vivos. No les culpo, ya no. No podría hacerlo.
Ahora, que me considero un hombre maduro y que conozco aunque sea una parte de lo que pasó en aquella fatídica noche no puedo más que desear haberles conocido. Me habría gustado poder aprender de ellos, entender porque todos se ponen tan tristes… pero no, todos decidieron que yo no podía saberlo porque no lo entendería. Deben pensarse que yo no perdía nada esa noche pero si que lo hice, si que perdí gente.
Perdí a los hermanastros de mi madre, a los amigos de mi padre. A todos aquellos que podrían haberme querido, a los que habrían sido mi familia. Perdí, aunque aun me cueste entenderlo, a quien habría sido también mi madre. Y además, me quedé sin todos aquellos que si han sido mi familia, porque me ocultaron secretos aunque fuera para protegerme y, aunque solo sea un día al año, me dejan solo.
Por esto  no podía dejar de venir hoy a traeros una flor, porque hoy después de tantos años al fin vengo a presentarme, por fin averigüé dónde estabais.

Soy Jean Luca Pontmercy, y también soy un hijo de la barricada.>>

 Tras decir aquello, JeanLu dejó una flor diferente en cada una de las tumbas y se dio media vuelta para volver a su casa.