viernes, 26 de octubre de 2012

Welcome back to London

Hola holitaaa!!!! bueno aquí os dejo un relatillo Johnlock (es yaoi ChicixChico, luego no digais que no avise)  que espero que os guste mucho mucho mucho porque puedo decir que estoy muy orgullosa del resultado.

Va dedicado a @Dbutterthing como premio por descifrar el primero de los códigos que preparé en cabreados. Espero que lo disfrutes guapisima que te lo has ganado con todas las de la ley!!


Welcome Back to London:

Londres amaneció envuelto en una blanca niebla. El frío caló hasta los huesos de la esbelta figura que se vislumbraba al otro lado de la calle. Sacó un cigarro del bolsillo y se lo encendió, dando una larga calada. Estaba dejando de fumar, pero los nervios de la situación le pedían nicotina.
Aun era demasiado pronto, tal vez las cinco o las seis de la mañana, pero no le importaba tener que esperar a que se despertara. Había esperado dos años, podía esperar un par de horas más. Cerca de las siete, cuando la calle comenzó a llenarse de gente yendo a trabajar, la puerta del 221B de Baker Street se abrió. El Detective Inspector Gregory Lestrade se arreglaba la corbata mientras salía. El observador frunció el ceño, encendiéndose otro cigarro. Entonces le vio. John Waston salió del piso llamando a Lestrade con un grito. Sintió como le dio un vuelco el corazón. El policía se giró y le sonrió mientras cogía el maletín que le tendía el doctor. Se dieron un corto beso en los labios y el inspector siguió su camino hacia Scotland Yard. Aquel era su momento.
Cuando John cerró la puerta, tiró el cigarro al suelo y lo pisó para apagarlo. Esperó a que dejaran de pasar coches y se detuvo frente a la puerta. Sacó una carta del bolsillo, un sencillo sobre amarillento con la palabra “John” escrita en el frente. Tocó con los nudillos y metió el sobre por debajo de la puerta. Antes de que abriera, se alejó del lugar con paso rápido.
Aquello había sido raro. Cuando abrió la puerta y no había nadie, se le despertaron todas las alarmas. Y luego estaba aquella carta. Aquella imposible e intrigante carta. Había reconocido la elegante y estilizada letra al instante, pero la idea era tan descabellada que tuvo que desecharla.
“Los muertos no pueden escribir” se dijo a si mismo mientras miraba el sobre “deja de pensar estupideces” aun no lo había abierto, pero la curiosidad le estaba matando. Sin poder aguatarlo más, rompió el sobre y sacó el pequeño trozo de papel que contenía. Aquella letra otra vez, devolviéndole esperanzas y haciendo que su corazón se acelerase como lo hacía tiempo atrás.
“John:
Azotea del St. Barts 12:30
                              ~ SH”
Le dio un vuelco el corazón. Algún bastardo estaba haciéndose pasar por Sherlock y pretendía encontrarse con él esa misma mañana. Se quedó sentado en el sillón, mirando la carta mientras meditaba qué hacer. La letra era exactamente igual a la de Sherlock, pero estaba muerto, él mismo le había tomado el pulso. Miró su reloj, solo cuatro horas hasta la cita. Tenía que decidir el siguiente paso. Por un momento pensó en decírselo a Greg, pero descartó la idea rápidamente, no quería preocuparle. Si era un impostor podría con él, era un ex-militar, podía con ello. Pero por otro lado… ¿y si era Sherlock realmente? Una parte de sí mismo siempre le dijo que seguía vivo, además, la letra era suya y si había alguien capaz de resucitar, ese era Sherlock Holmes. Sintió un cosquilleo en la boca del estómago y sonrió inconscientemente al pensar en él. Hacía mucho tiempo que había asumido que siempre amaría a Sherlock. También quería a Greg, era su pareja y le hacía feliz, incluso iban a casarse, pero Sherlock siempre sería Sherlock. Su compañero, su mejor amigo, Su Sherlock. Fue a la cocina y se sirvió una taza de té. Bebió un sorbo mientras recordaba todos los momentos que habían pasado juntos. Decidió ir a la cita, pero aunque su cabeza le dijo que no lo hiciera, su corazón no puedo evitar hacerse ilusiones. Miró su reloj de nuevo, tres horas y media para la cita. Se metió a la ducha, se arregló y se preparó para salir. No se olvidó de coger su pistola, solo por si acaso.
A pesar de que tenía tiempo de sobra (solo necesitaba treinta minutos para llegar al St. Barts, y tenía dos horas), salió de casa. Tenía que hacer una parada previa.
Siempre sentía un escalofrío desagradable cuando estaba allí. Acarició con las yemas de los dedos el frío mármol negro de la lápida que tantas veces se había quedado mirando durante tardes enteras. Recorrió con la mirada el grabado blanco que rezaba el nombre de su mejor amigo.
– ¿Es real? – Le preguntó en voz altas a la nada – ¿Eres tú? – Suspiró derrotado hundiendo los hombros – no entiendo nada, ¿qué me voy a encontrar cuando vaya a esa maldita azotea? Sería algo muy cruel no encontrarte allí… para que negarlo, deseo que estés allí… – miró a su alrededor, era tan temprano que estaba solo. Se le llenaron los ojos de lágrimas y se quedó en silencio, mirando la tumba y el reloj a intervalos hasta que le dio la hora para llegar al hospital.
Discretamente apoyado en un árbol, lo bastante cerca para escuchar, pero lo bastante lejos para no ser visto, estaba el hombre que llevaba toda la mañana tras los pasos de John. Se frotaba las manos con nerviosismo. Secó una lágrima indiscreta y volvió a su cara de póker. Salió corriendo de nuevo y, por primera vez en todo el día, tomó una ruta diferente a la del ex-militar.
Las doce y media dieron justo antes de que abriera la puerta de la azotea. Dudó un segundo, pero salió con paso firme. El aire frío le golpeó en la cara, pero eso no hizo que se achantara.
– Por un momento dudé que vinieras – dijo una voz profunda demasiado conocida. John avanzó un par de pasos hacia el hombre de espaldas que le estaba esperando.
– No puede ser – dijo incrédulo – es imposible… – lentamente, el hombre se giró para encararle. Se encontró de lleno con aquellos ojos azules que parecían contener el universo entero. Los rizos negros, algo más largos que la última vez que los vio, se mecieron ligeramente con la brisa.
– Hola, John – el ex-militar se quedó en estado de shock. Durante unos instantes no supo cómo reaccionar.
– Sherlock… – murmuró con voz temblorosa. Se acercó del todo y acarició sus brazos, como tratando de comprobar que era real, y no una alucinación provocada por las ganas de verle.
– Soy yo, John… – susurró el moreno permitiéndose acariciar su hombros y su rostro, secando delicadamente las lágrimas que bañaban el rostro del doctor.
– Sherlock… – murmuró de nuevo entre hipidos, sintiéndose incapaz de pronunciar cualquier otra palabra que no fuera su nombre. El detective asesor sonrió de forma inusualmente tierna para él. Por primera vez en mucho tiempo, se sintió seguro y en paz. Al menos, hasta el momento en que el puño de John le giró la cara.
– Supongo que me lo merezco – dijo llevándose la mano a la zona dolorida.
– ¿Cómo pudiste abandonarme así? – acusó John recuperando la postura tras el golpe.
– Lo hice para protegerte – respondió Sherlock tratando de evitar un segundo golpe.
– ¿Protegerme? – Le agarró de las solapas de la gabardina y le sacudió violentamente – ¿Cómo ibas a protegerme dejándome solo? ¿Tienes idea de lo mucho que te extrañado? ¿De cuánto me has hecho falta? – siguió sacudiéndole y golpeándole en el pecho. Su llanto aumentaba y el moreno le dejó desahogarse – te fuiste, me dejaste solo joder… – sus golpes perdieron fuerza, Sherlock le rodeó con los brazos y John se aferró a su camisa, enterrando la cara en su pecho mientras seguía llorando. Sherlock le acarició el pelo con cariño y gentileza.
– Lo siento tanto John… – susurró apretando el abrazo – no puedes imaginar cuanto… pero tuve que hacerlo, por ti… – trató de explicarse, había pensado mil veces en qué le iba a decir en ese momento, pero ahora que podía sentir el calor de John contra su cuerpo, que le llegaba su característico aroma y su suave pelo le acariciaba la mejilla, le faltaban las palabras.
– ¿Por qué? – logró decir entre sollozos el doctor.
– Moriarty te tenía en el punto de mira de un francotirador – explicó paseando una mano por su espalda en una larga caricia – me amenazó con matarte, pero yo sabía que lo haría, por eso fingí mi muerte, para que no te hiciera daño porque… – se cortó a mitad de frase, sintiéndose incapaz de decirlo en voz alta. Sus ojos se perdieron en la cristalina mirada de los de John. Tragó para intentar pasar el nudo formado en su garganta.
– ¿Por qué, Sherlock? – estaban cerca, muy cerca, demasiado cerca. Podía sentir su dulce aliento en el rostro y su agitada respiración contra su pecho. Su corazón latía desbocado, como pretendiendo llegar al de John. Se quedaron simplemente mirándose a los ojos hasta que Sherlock respiró hondo, cerró los ojos y apoyó su frente en la de John, derrotado.
– Porque te quiero, John – confesó en un suspiro cansado y aliviado. John sonrió como hacía mucho tiempo que no lo hacía. Llevó una mano al cuello de su compañero y acarició la suave y pálida piel, sacándole un agradable estremecimiento. Siguió ascendiendo hasta su rostro, donde la dejó para calentar la fría mejilla.
– Sé que pensarás que no tengo derecho a decírtelo ahora y que, además, estás con Lestrade, que vais a… – tragó saliva y respiró hondo – que vais a casaros, pero…
– sssh, calla Sherlock – siseó interrumpiéndole – no llores, por favor… – apenas se había dado cuenta de que estaba llorando hasta que John no le secó las lágrimas con extremada dulzura.
– pero John… – trató de replicar en un sollozo ahogado.
– Tranquilo, tranquilo… – volvió a cortarle – todo saldrá bien, te lo prometo – no pudo evitar pensar en lo irónico de la situación: estar entre los brazos de la persona que amaba, que acaba de confesarle su amor, y a quien estaba consolando cuando debería ser al contrario – ahora que has vuelto nada puede salir mal, Sherlock… – alzando la cabeza, juntó sus labios con los de Sherlock. Al principio tuvo miedo de que se apartase, que volviera a marcharse, que sonara el despertador y todo resultara ser un sueño. Pero los dedos de Sherlock enredándose en su pelo y profundizando aquel beso apartaron cualquier duda de su mente. Lo que al principio fue tímido y temeroso, se volvió en apenas un segundo en algo apasionado y salvaje. Se devoraban el uno al otro con ansia y necesidad, acariciando cada milímetro de piel que quedaba al descubierto.
Las frías manos de Sherlock se colaron bajo su camisa, arrancándole gemidos de la garganta que murieron en los labios del moreno. Cuando su chaqueta cayó al suelo y el aire frío de Londres arañó su pecho semidesnudo, John detuvo las ansiosas manos de Sherlock, que entendió lo que pasaba y le soltó con un gruñido de protesta.
– No quiero que sea así – explicó jadeante aun muy cerca del moreno.
– Lo sé – concedió el detective abrazándole de nuevo.
– Tengo que hacer las cosas bien, con Greg, no puedo engañarle así, no se lo merece – apoyó la cabeza en su hombro y con un suspiro pasó los brazos por su cintura.
– ¿Le quieres? – preguntó, y John asintió con la cabeza – ¿Y a mí? ¿A mí me quieres?
– Lo hago, siempre lo he hecho y nunca dejaré de hacerlo… Te amo más que a nada, Sherlock Holmes – el detective sonrió, su nombre sonaba como la música más hermosa si salía de sus labios.
– Te esperaré entonces, el tiempo que haga falta hasta que podamos estar juntos – le besó la cabeza y apretó el abrazo.
– Welcome back to London… – susurró John acercándose a sus labios justo antes de volver a besarle. Sherlock sonrió dentro del beso.
Si, definitivamente aquella era una bienvenida a Londres. La mejor bienvenida que podían darle.

domingo, 14 de octubre de 2012

Todo mi mundo

Todo mi mundo: 


Yo antes no era nada, 
Ni hombre, ni humano, ni persona. 
Yo antes no tenía nada, 
Ni sueños, ni vida, ni alma. 
Yo antes no quería nada, 
Pero llegaste y me lo diste todo. 
Entonces fui alguien, 
Un hombre, un asesino y te amaba. 
Entonces tuve algo,
Un jefe, un amigo, un amor desenfrenado.
Entonces quise algo, 
A ti, tus besos, tu mirada.
Pero te marchaste, 
Un adiós eterno sin decirme nada. 
Dejé de ser alguien, 
Para ser un alma en pena. 
Dejé de tener algo,
Para echar de menos lo que tuve. 
Dejé de querer algo,
Porque tú ya no estabas... 
Y ahora estas aquí de nuevo, 
Y vuelvo a ser quien era, 
Porque me han devuelto el mundo. 
Vuelvo a tener lo que tuve, 
Porque mis sentimientos despertaron. 
Vuelvo a querer algo, 
Porque has vuelto a mi vida. 
Porque tú me diste el mundo, 
Y te convertiste en todo. 
Porque tú eres todo mi mundo.

lunes, 1 de octubre de 2012

Retrasos

Bueno, he sacado un rato de mi agenda para decir que sé que me estoy retrasando con las historias y que prometí que no lo haría más pero me es imposible llevar más velocidad ahora que ha empezado el curso, 2º de Bachillerato pffff los que lo habéis pasado lo sabéis, ¡¡es la muerte!! Bueno, la cosa es que intentaré ir al mejor ritmo que pueda.
Aprovecho para decir que tengo una nueva filosofía: no empezar a subir capítulos de nada hasta que no esté prácticamente acabado todo. Sé que eso solo me va a retrasar más (sobre todo con El Eco del Silencio, estoy creando un mundo nuevo de cero, tened paciencia) pero voy a intentar subir relatos cortos, poemas, canciones, criticas, noticias y todas esas cosas para compensar los relatos más largos.
En fin, ya no os aburro más, que he dejado un trabajo a medias y tengo que continuar.

¡¡BESOS!!

P.D: para saber más de mí y todas esas cosas seguidme en twitter @Artemischan8 ... tengo que buscarme alguna forma de llamar a los que me lean jajaja

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Te entrego

Te Entrego.

Te entrego
mi alma antes perdida.
Te entrego
los latidos de mi corazón desbocado.
Te entrego
mis días y mis noches.
Porque si es a ti,
te lo entrego todo.
Te entrego
mi mirada enamorada al verte cada mañana.
Te entrego
mis labios apasionados al besarte.
Te entrego
los minutos y segundos del resto de mi vida.
Porque si es a ti,
te lo entrego todo.

Y es porque eres tú

Bueno, este es un poema que he escrito. Sé que no soy muy buena con la poesía peeeeeeero es de los primeros poemas que escribo y espero que no me odiéis mucho por él!!

Va dedicado a Molly Cabreada (@MHCabreada) que es quien ha hecho que tenga la idea de escribirlo para el rol así que espero que sea a la que más le gusta jajaja Con mucho amor de tu Anderson Furioso jaja (sí, sé que el poema es de mujer a mujer, pero es que el personaje es un hombre pero yo tengo tetas ok?) xDDD

Y es porque eres tú

Y son tus ojos,
que me miran tan dulcemente.
Y es tu sonrisa,
tan encantadora y perfecta.
Y son tus labios,
que me vuelven tan loca.
Es porque eres tú,
y por eso me enamoras.
Y son tus palabras,
que iluminan mis noches y días.
Y son tus manías,
que te hacen tan encantadora.
Y es tu risa,
que hace que mi corazón palpite.
Es porque eres tú,
y por eso me enamoras.
Y es que son tus besos,
suaves cual terciopelo.
Y es que son tus caricias,
que hacen que me estremezca.
Y es tu piel contra la mía,
que me arranca cada suspiro.
Es porque eres tú,
y por eso me enamoras.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Sherlock: El Caso de las mil Verdades

Bueno, este es un relato con los personajes de Sherlock (serie de la BBC de la cual no tengo ningun tipo de derecho ni busco lucrarme con ello) de tematica homosexual (chico x chico). Es un preestreno de la historia, ya que la voy a subir aqui antes que en el resto de paginas donde publico jajaja espero que os guste!!

Dedicado a mis #Cabreados de twitter que hacen que me ria todas las noches con las locuras y las escenitas que montan!! Mucho love y muchos besos de vuestro Anderson Enfurecido más odiado!!
BESOS!! y ME CAGO EN MI PIERNA!!


Capítulo 1: El asesinato de Brittany Jones.

Sonó el timbre, y todos los alumnos esperaban sentados y hablando al profesor. Cuando llegó, después de una pequeña charla informal, mandó a la joven Brittany Jones a por un trozo de tiza para escribir en la pizarra. Después de treinta minutos, el profesor salió al pasillo, molesto por la tardanza de la chica. Encontró su cadáver en el suelo del pasillo, con un disparo en la cabeza y un mensaje nuevo en el teléfono móvil. 
* * *
La melodía del violín inundaba el 221B de Baker Street. Sherlock Holmes, el único detective asesor del mundo, tocaba frente a la ventana de manera dramática mientras el doctor Watson escribía su último caso en su Blog personal. Sherlock dejó de tocar abruptamente con un suspiro exasperado.
– ¡Dios santo, John, estoy aburrido! – dejó el instrumento sobre el sillón y caminó de un lado a otro de la habitación como una fiera enjaulada.
– Tranquilo Sherlock – John ni si quiera le miraba, ensimismado en lo que escribía en el ordenador.
– ¡Necesito un caso, necesito un caso! – el detective asesor se llevó las manos a la cabeza.
– Nunca he visto a alguien con tantas ganas de que muera alguien – comentó el doctor levantando ligeramente la mirada.
– Eso es por qué no has pasado unas navidades con la familia Holmes – Mycroft Holmes, hermano mayor de Sherlock, entró en la habitación quitándose la gabardina y dejándola en el respaldo de una silla.
– ¿Qué haces aquí, Mycroft? – preguntó Sherlock de mala gana.
– Te traigo un caso… – empezó a decir el mayor de los Holmes.
– No me interesa – interrumpió el  pequeño de mala gana.
– Creía que estabas aburrido – señaló Mycroft alzando la voz.
– Pues te equivocas, Mycroft, tengo muchos casos esperándome – Sherlock volvió a coger el violín y empezó a tocar de manera estridente.
– Tienes que resolver este caso Sherlock – Mycroft se empeñó en convencerle – tal vez si ves esto… – el mayor sacó una bolsa de pruebas del bolsillo interior de su americana. En ella, un teléfono móvil negro parecía estar llamándole.
– ¿De quién es? – preguntó el detective asesor, sonando interesado por primera vez en toda la conversación. Dejó el violín y le cogió el teléfono a su hermano, lo sacó de la bolsa y empezó a investigarlo.
– Mira el último SMS, fue enviado a la hora de la muerte – Sherlock se metió en la bandeja de entrada de mensajes.
“LA PRIMERA, ESPERA LA SIGUIENTE.
JM.”
Sherlock memorizó el SMS. Estaba claro que era para él, igual que sabía quién lo firmaba.
– ¿Te dice algo, Sherlock? – preguntó Mycroft, sacándole de su ensoñación.
– Absolutamente nada, pero acepto el caso, vamos al instituto de esa chica – se guardo el móvil en el bolsillo y se puso la gabardina mientras salía de la habitación – ¡vamos John! – gritó desde las escaleras. El doctor miró un segundo a Mycroft y salió tras su compañero con paso firme.
Se metieron en un taxi y cuando estaban a mitad de camino, John se decidió a romper el silencio.
– ¿Qué había en el mensaje? – preguntó.
– Una amenaza – contestó Sherlock.
– ¿Para a chica? Pero ella ni si quiera llegó a leer el mensaje…
– No, no era para ella… era para mí – interrumpió Sherlock mirando por la ventanilla.
– ¿Para ti? ¿De quién? – John, como siempre, parecía más alarmado que el propio Sherlock.
– De Moriarty – parecía demasiado relajado, no dejaba nunca que algo le afectase. Los sentimientos eran una debilidad y Sherlock Holmes no podía permitirse tener ninguna. John no dijo nada de lo que se le pasó por la cabeza. Dijera lo que dijera, habría sido una tontería para él. Le habría gustado que, por una vez, Sherlock no fuera un completo misterio. Le gustaría saber qué se le pasaba por la cabeza cuando se quedaba mirando a ninguna parte, olvidándose de que no estaba solo. Suspiró, no merecía la pena intentar descifrar la mente del gran Sherlock Holmes. Por su parte, el detective asesor miraba a su compañero por el rabillo del ojo. Solo con un pequeño vistazo, ya sabía cada detalle que se pudiera deducir: dónde había estado, con quién, cuándo… pero sobre todo vio la marca carmín del cuello de su camisa. Apretó el puño dentro del bolsillo casi sin darse cuenta, pero no dejó que se le viera en la cara. Trataba de ignorar ese sentimiento que empezaba a aflorar dentro de él hacia John. Pero era complicado reprimirlo cuando estaba cerca.
El taxi se detuvo frente al instituto. Los coches de policía que estaban aparcados allí despertaban gran interés por parte de los alumnos, y Sherlock tuvo que esquivarlos para poder pasar. Caminaron en silencio por el patio y entraron en el edificio. Dentro, les esperaba el director con el inspector Lestrade para explicarles la situación.
– Señor Holmes, Doctor Watson, gracias por venir – dijo el director – ha sido una verdadera desgracia – se estrecharon la mano.
– Me gustaría ver el cadáver – dijo Sherlock evitando conversaciones inútiles.
– Claro, le acompañaré, aún no lo hemos movido…
– No… no, usted quédese aquí, que me acompañe ella – señaló a una chica sentada junto a la puerta del despacho de dirección que se limpiaba las lágrimas con un pañuelo de tela.
– ¿Ella? – el director se sorprendió – pero es una alumna.
– ¡¿Solo una alumna?! – Sherlock fingió estar alarmado e hizo aspavientos con los brazos – ¡Es la mejor amiga de la victima! Por Dios, ¡¿Cómo que solo una alumna?! – el director la llamó con un movimiento de la mano. La chica se secó las lágrimas una vez más y se acercó.
– Esta es Elisabeth Parker, estudiante y mejor amiga de la victima, ¿cómo lo ha sabido? – el director estaba intrigado.
– Elemental – dijo Sherlock mirando a la chica de arriba abajo – tiene un colgante que pone “BESTFIE” pareja de uno que pone “NDSFOREVER” que seguro que lleva su mejor amiga, además por las marcas de las lágrimas en el maquillaje lleva horas llorando, más o menos el mismo tiempo que ha transcurrido entre el descubrimiento del cuerpo, también tiene todas las uñas mordidas, es una manía suya cuando está nerviosa, y en esta situación no es para menos. El pañuelo que está usando para secarse las lágrimas tiene manchas de sangre, y como ella no parece herida, esta claro que ha tenido contacto con el cadáver, muy probablemente lanzándose a por él cuando fue hallado, pero ya se ha lavado las manchas más importantes, aunque debería frotar mejor entre sus dedos, Srta. Parker… y eso son solo los detalles, esta claro que tiene más o menos la edad de la lista y que está relacionada de alguna forma con ella, sino no estaría esperando en la puerta del despacho de Dirección justo cuando nos estaban esperando – todos se quedaron en silencio, mirando a Sherlock alucinados, todos salvo Elisabeth, que parecía haberse relajado después de escucharle hablar.
– Impresionan, Sr. Holmes – expresó el director – entonces, Elisabeth les acompañará – la chica empezó a andar por el pasillo. Cuando subían las escaleras, en silencio, no soportó estar cayada más tiempo.
– ¿Afganistán o Irak, Sr. Watson? – preguntó. El doctor recordó su primer encuentro con Sherlock Holmes, quien la hizo esa misma pregunta antes de saludarle. Sus miradas se cruzaron durante un segundo, Sherlock parecía sorprendido, algo muy extraño en él.
– Afganistán… ¿Cómo has…?
– Elemental – dijo sin darse cuenta de que había usado la misma que el detective momentos antes, hizo un movimiento para colocarse las gafas – esta claro, solo hay que verle, tiene porte militar, se ve en su corte de pero y su postura erguida. Es medico, y eso unido a lo que mencioné antes es medico militar. Cuando ha ido esquivando alumnos a la entrada, ha intentado proteger instintivamente su hombro izquierdo, por lo que deduzco que tiene dificultades con él. Militar, daño en el hombro: un disparo. Está claramente curado, pero no lo bastante como para que confía en él plenamente por lo que no hace demasiado tiempo. Solo hay dos posibilidades que me encajen, es por eso que he preguntado ¿Afganistán o Irak? – Elisabeth se encogió de hombros y siguió subiendo.
– Increíble – murmuró John. Ambos hombres se miraron, confundidos, esa chica acababa de hacer una deducción similar a la de Sherlock, y eso significaba que sabía mucho más de lo que parecía y decía saber. Llegaron al pasillo, se saltaron el cordón policial que habían colocado y se acercaron al cadáver. Elisabeth se llevó la mano a la boca y empezó a morderse las uñas.
– Esta es Brittany Jones – explicó – un disparo en la sien, hay orificio de entrada pero no de salida, hora aproximada de la muerte: las 11:20 de la mañana, a quemarropa – Watson confirmó cada palabra con un asentimiento de cabeza.
– Te acercaste a examinar el cadáver – dijo Sherlock mirando a la joven – cuando lo descubrieron.
– en parte, pero si que es verdad que era mi mejor amiga – dijo cruzándose de brazos – por cierto, debería devolver su teléfono móvil, Sr. Holmes – Sherlock lo sacó del bolsillo.
– ¿Quién eres en realidad, Elisabeth Parker? – el detective asesor la encaró.
– Todo a su debido tiempo, Sr. Holmes – la chica se giró lentamente sobre los talones y comenzó a marcharse – por cierto, le recomiendo que investigue a fondo los SMSs – remarcó ligeramente el plural de la ocasión, más para que lo pillara John que para que Sherlock lo hiciera. Desapareció por la escalera por la escalera por la que habían llegado sin volver a girarse.

martes, 28 de agosto de 2012

Until the day we died

Bueno esta es la letra de una canción que he escrito yo, aunque no tenga música porque no toco ningún instrumento ni nada jajaja si alguien quiere ponerle música es libre de ello jajaja me la podéis pasar y la canto jajaja espero que os guste

Until the day we died


Oh girl, why are you crying?
Why there’re tears falling upon your face?
Oh girl, why are you crying?
What’s the pain that make you fall in darkness?
Maybe you forget that I am here with you (here with you)
Waiting for your love…
- CHORUS-
Until the day we died
I will be waiting for your kisses
Until the day we died
I will spend my time
 Thinking about your smile
Yeah, about your smile (bis)
-CHORUS END–
I can’t remember when all of this started
My memories are lost in shadows
All I can care about are all these feelings
I’m afraid to be wasting my time
And lose everything in the blink of an eye
- CHORUS –
Until the day we died
I will be waiting for your kisses
Until the day we died
I will spend my time
 Thinking about your smile
Yeah, about your smile (bis)
-CHORUS END–
When the end comes
And I can’t support the heartbeats
I will take off my soul
I will give it to you
I will draw fake smiles
And try to continuo my live…
- CHORUS –
Until the day we died
I will be waiting for your kisses
Until the day we died
I will spend my time
 Thinking about your smile
Yeah, about your smile (bis)
-CHORUS END–
So, oh girl, why are you crying?
Maybe you forgot that I just love you

miércoles, 1 de agosto de 2012

Je t'aime... est une promesse

AVISO: Este relato es de temática homosexual (chico x chico) si no te gusta no lo leas y si sí te gusta espero que lo disfrutes!! Es un relatillo corto, espero que dejeis algún comentario o algo y prometo no demorarme mucho más con las demás historias!! BESOS!!


Je t'aime... est une promesse



Esta realmente sensual apoyado en la ventana solo con un pantalón corto cubriéndole, la Torre Eiffel de fondo y fumándose su cigarro. Las luces del amanecer le rodean y parece brillar. No puedo mentir, me encanta quedármele mirando después de hacer el amor. Él parece no reparar en mí, realmente pienso que a veces es capaz de abstraerse tanto del mundo que todos a su alrededor desaparecemos y solo queda él con sus pensamientos. El humo sale de su boca en bocanadas que escapan por la ventana y se deshacen cuanto más se acercan al cielo.
– Paris es muy bello en esta época del año ¿no crees? – le digo para llamar su atención, aunque me gustaría quedarme así todo el día cada vez nos queda menos tiempo.
– Se me ocurren otras cosas más bonitas que Paris… – se gira hacia mí y llevándose el cigarrillo a la boca vuelve a perder la mirada en el horizonte – como las curvas de una mujer mientras se contonean en el Moulin Rouge, o mejor, si se contonean sobre mí en la cama… – me giro para quedarme mirando al techo con un suspiro resignado. Noto su mirada sobre mí y no puedo evitar que se me acelere el corazón.
– Eres incorregible, Julien – le digo enfadado dándole la espalda.
– Si no querías saber, no haber preguntado – no puedo verle, pero se que sonríe con suficiencia. No le respondo, quiero que intente que se me pase el enfado, quiero que reaccione, que me demuestre si es que realmente siente algo por mí. El silencio continua sin conseguir lo que quería.
– Son malos tiempos, Gilbert – es lo único que dice y me giro lentamente sin entender – Alemania le ha declarado la guerra a Francia el pasado día tres y la batalla va a ser terrible, lo presiento Gilbert… – una lágrima se derrama por su mejilla y me levanto acercándome a él y abrazándole por la espalda. Le quito el cigarrillo de los dedos y lo apago en la mesa.
– ¿Por qué piensas en eso ahora? – pregunto besando su cuello.
– Crees que soy frio ¿verdad? Que no tengo sentimiento alguno – dice mientras apoya la cabeza en mi hombro – pero tengo miedo, porque eres un joven soldado y serás de los primeros que manden al frente… – aunque ya sé eso, escucharlo de sus labios hace que la realidad sea más amarga – por eso no quiero sentir nada por ti ahora, porque es más fácil no sentir nada si no regresas… – me aparto de él, le agarro de la mano y le llevo de nuevo a la cama.
– Voy a volver, Julien, no dejaré que me maten en las trincheras… tengo una razón para volver – le tumbo sobre la cama y me mira con sin entender, la conversación no va por donde él quería y le descoloca no tener el control. Le beso, pero no responde, aun se niega a admitir que le gusta que le bese, que me vaya a extrañar cuando me vaya al frente, que va temer que muera en cualquier momento en una batalla. Me deslizo hasta su cuello, donde me entretengo dejando varias marcas rojas para que no me olvide, pero sigue sin reaccionar y cada vez me siento más impotente, parece que ha asumido mi muerte y está intentando olvidarme antes incluso de que me marche. Sigo bajando, dejando un rastro de saliva con la lengua hasta su pecho, se que le encanta que haga eso, le encanta sentir el frio que provoca la brisa de la mañana en la parte que he humedecido, pero aun así sigue conteniéndose y negando lo que siente, lo que sentimos.
– Reacciona, Julien, por favor reacciona – no puedo evitar que se me llenen los ojos de lágrimas – ¿es así como quieres que te recuerde? ¿Es así como quieres que queden las cosas cuando me marche? – me levanto de golpe, apretando los puño impotente. Él se apoya sobre los codos y se queda mirándome sin decir nada – sería más fácil, olvidarme… me estás dando por muerto antes de que me vaya a la guerra ¿cómo se supone que debo tomarme eso? Además, vienes con esas de repente después de habernos pasado toda la noche haciendo el amor ¿Acaso era una despedida? ¿Una manera bonita de decirle adiós a tu puta? – aparta la mirada y ya no aguanto más. Agarro mi camisa y empiezo a andar hacia la puerta, pero cuando estoy a punto de salir, me agarra de la muñeca y me tira sobre la cama con una fuerza descomunal. Antes de poder reaccionar, me inmoviliza con su propio peso y devora mis labios con hambre.
– ¿Eso es lo que crees que hago, Gilbert? – muerde mi cuello sin compasión y se me escapa un gemido de dolor – ¿crees que solo era sexo de despedida? ¿Qué te considero mi puta? ¿Qué me resulta fácil verte tan tranquilo cuando te vas a marchar a luchar?
– Pero dicen que la guerra acabará para navidad, que está ganada… – le interrumpo, pero me caya con otro beso.
– Será mucho más que eso, va a ser una guerra larga y dura, habrá muertes y sangre – desliza sus dedos por mi pecho desnudo para volver a quitarme la camisa que ya me había arrancado con la boca la noche anterior – muchos de tus compañeros no volverán… y tengo miedo de que tu no vuelvas – me estremezco cuando me susurra al oído – no tuve miedo cuando me di cuenta de lo que sentía por ti, no me dio miedo el que ambos fuéramos hombres o lo que la sociedad fuera a pensar de nosotros… No me dio miedo que me rechazarás aquella vez que te besé en el parque, y me dio miedo que nos pillaran cuando nos escapamos para estar juntos en tu noche de bodas, ni cuando tu esposa llego a casa y aun estábamos en la cama… no me da miedo tocarte cuando hacemos el amor, a pesar de que se que está mal y que es una locura amarte como te amo… – noto como sonríe contra mi cuello y siento como si me derritiera entre sus brazos, acorralado contra el calor de su pecho. Alza la vista y se queda mirándome a los ojos.
– Julien… – mis palabras mueren en sus labios, porque me besa con desenfreno, con la necesidad irracional con la que siempre lo hace, como si llevara años sin probar una gota de agua y yo fuera una fuente. Y en el fondo eso es lo que somos, la fuente del otro, el agua que necesitamos para seguir viviendo. Me doy cuenta de lo que realmente significa para mi, él va a ser lo que más extrañe en las trincheras, no será mi esposa, no será mi hogar… será él.
– Pero ahora tengo miedo, un miedo loco e irracional a que no vuelvas, a tener que hacerme a la idea de que jamás volveré a ver tus ojos, ni tu sonrisa. Miedo a perderte, a no volver a estrecharte entre mis brazos, a no volver a besar tus labios… – reparte suaves besos por mi pecho hasta que se deshace de la molesta camisa que me había puesto para marcharme – ¿Me preguntas si me estaba despidiendo? Si, pero no me despedía de ti, me despedía de mi mismo, porque cuando te marches, nada quedará en París de mí, solo una carcasa vacía que te extrañe y que necesitará que vuelvas… y si mueres en la guerra, nada quedará de mí, porque tú eres todo lo que soy ahora…
– Oh, Julien… – nos abrazamos, llorando de pura desesperación – te juro que volveré a por ti, Julien, te lo juro… – y no hacen falta más palabras. Nos besamos apasionadamente, recorriendo nuestros cuerpos en un baile desenfrenado. Su boca llega a mi cuello, y me besa como sabe que me encanta, me arqueo bajo su cuerpo, acoplando nuestras figuras a la perfección, como piezas de un puzle. Utilizo mi propio peso para hacerle perder el equilibrio y quedar yo encima, recorro su pecho con mi lengua y me detengo en su ombligo un segundo, alzando la mirada para ver sus ojos suplicantes por que continúe mi camino. Sin un segundo más de tregua, retiro el molesto pantalón que le cubre e introduzco su erección en mi boca, consiguiendo que jadee de una manera deliciosa. Me esfuerzo en darle el mejor de los recuerdos, paseando mi lengua por toda su extensión y succionando en el momento preciso para hacerle gemir aun más fuerte, aunque intenta reprimirse mordiéndose los nudillos. Noto como está cerca de su límite, así que le torturo un poco y me lo saco de la boca, recibiendo una mirada reprobatoria.
– ¿Por qué paras? – dice enfadado.
– Eres demasiado exigente – respondo juguetón. Tira de mí hasta tumbarme en la cama y me invade sin piedad con uno de sus dedos. Clavo mis uñas en su espalda con un gemido de dolor.
– Tranquilo… – me susurra e intento relajarme. Cuando creo que me he acostumbrado por completo, introduce otro dedo y empieza a mover ambos. Ya no hay más dolor y solo puedo perderme en un torbellino de placer. Suplico por más.
– Hazlo… hazlo ya Julien, por favor… – se ríe en mi oído y se coloca de forma que puedo notar su miembro en mi entrada. Me penetra lentamente, con un gruñido gutural mezclado con mi propio gemido de placer. Cuando ya está dentro de mí por completo, se detiene un segundo para que me acostumbre. Empiezo a mover la cadera para que sepa que puede continuar y empieza con un vaivén cada vez más acelerado, hasta que toca en ese punto en mi interior que me hace tocar el cielo y gritar en la más pura gloria. Lleva su mano a mi desatendido miembro y comienza a masturbarme al ritmo de sus embestidas. Estamos en nuestro límite y nos miramos a los ojos.
– Juntos, Gilbert – me susurra y con una embestida más fuerte que las anteriores termina dentro de mí y yo mancho nuestros vientres con mi esencia.
Caemos derrotados sobre el colchón y sale lentamente de mí, haciendo que me estremezca en una ligera prolongación de mi orgasmo. Me acomodo sobre su pecho y me abraza protectoramente.
– Je t’adore, Julien… te prometo que volveré a casa…
– Je t’aime, Gilbert… est une promesse…

martes, 10 de julio de 2012

La Mansión de los Horrores


Capilla, Habitaciones y el Gran Final.

Resuena el tañido de una campaña en la lejanía, escucho un canto en latín mientras nos acercamos.
Exortizamust te, omnis immundus spiritus, omnis satanica…
Una y otra vez, repite la misma frase y de vez en cuando se escucha el grito de dolor de un hombre. La capilla parece lo más normal de todo el caserón, con las cruces colgadas y velas para iluminarlo todo. Veo arrodillada a la mujer que repite la frase en latín, que más que una oración suena a una invocación satánica. Apenas podemos ver nada de esa monja, está cubierta por una túnica negra. Empieza a pasearse entre nosotros un hombre sin camiseta, con toda la espalda ensangrentada y dándose latigazos con unas cuerdas. La mujer se levanta, poniendo los brazos en cruz y girándose lentamente y avanzando hacia nosotros. Coge un cuenco y moja en él un palo de metal, lo sacude hacia nosotros, y al secarme me doy cuenta de que me acaban de empapar con sangre. Grito. Nos juntamos más todavía y al retroceder huyendo de ella choco con el hombre, que enloquece y empieza a correr entre nosotros, rompiendo la formación. Me siento insegura porque no estoy rodeada de gente. La monja cada vez grita más fuerte y se acerca a algunos de nosotros. A veces parece totalmente amable, pero después se vuelve loca y nos agarra del pelo y pega.
-- Coged el agua del señor – nos dice la monja señalando una especie de botellas de metal con relieves – os protegerán de los impuros… sois unos impuros – sigue salpicándonos y exorcizando todo. Agarramos todas las botellas, están frías, pero eso es lo menos importante ahora. Quiero huir corriendo a algún lugar lejos de esa capilla, de esa mansión… pero cuando lo intento, la guía me frena con la cara muy seria.
-- La misa a terminado, tenemos que irnos, la señorita quiere verlos – la monja grita y se tira al suelo como llorando mientras nosotros avanzamos.
Llegamos a un pasillo con puertas a los lados. Por primera vez, no hay gritos, ni ruidos. De repente empieza a escucharse una canción infantil. La guía continúa su camino y abre una de las últimas puertas.
-- ¿Quería vernos, señorita? – le dice a una niña pequeña que esta sentada en el suelo jugando con siniestros juguetes rotos.
-- Yo solo estoy jugando – dice mientras sigue cantando.
-- ¿Quiere amiguitos para jugar, señorita? – dice una doncella en la que me acabo de fijar. Nos mira y sigue sacudiendo el plumero, a pesar de que no se mueve ni una mota de polvo.
-- Jugad con ella – nos dice la guía – JUGAD CON ELLA – corremos a sentarnos cerca de la pequeña y cogemos algunos muñecos para que nos diga que hacer, pero ella tira los que tiene en la mano.
-- No toquéis mis juguetes – dice con un susurro que apenas podemos oir. Noto que la doncella se está acercando con el plumero, pero yo no me muevo por miedo a que eso provoque algo malo.
-- No toquéis mis juguetes – dice, esta vez más alto. Todos soltamos las muñecas y esperamos que todo se calme con eso.
-- NO TOQUÉIS MIS JUGUETES – tanto la niña como la doncella se abalanzan sobre nosotros, derribándonos y tratando de pegarnos. Nos defendemos, pero sus cuerpos fríos no se inmutan.
Nos llevamos varios arañazos y moratones pero de repente paran y todo se queda silencioso, solo se escuchan nuestros llantos y respiraciones agitadas.
-- La señora de la casa está lista para recibirles ahora – dice la guía. La niña y la doncella se retiran y se alejan lentamente.
La guía nos lleva más adelante y presiento que se acerca el final, no se si de mi vida o solo de la pesadilla.
-- Ha sido un placer traerles hasta aquí, pero deben continuar solos… más adelante se encuentra la Señora de la casa, deben acercarse a ella y mostrarle sus respetos si quieren salir de aquí con vida… -- se detiene y nos indica el camino con el brazo. Avanzamos a tientas entre la oscuridad hasta que aparece ante nosotros un círculo de velas. En el centro, una mujer está tumbada con las manos entrelazadas sobre el pecho. Vista así, no me parece aterradora, me inspira paz y me relaja. Aprieto con más fuerza la botella entre mis manos y avanzo hasta la mujer. Nos quedamos mirándola, expectantes, esperando que haga algo, pero no pasa nada durante un rato.
Cuando ya creemos que no va a ocurrir nada, abre los ojos de repente. Nos mira y al segundo se combustiona como si le diera un ataque epiléptico. Chorrea sangre de su boca entre abierta y cuando nos separamos de ella gritando nos damos cuenta de que estamos rodeados por todas las personas que nos hemos encontrado en la casa. Cada uno de ellos nos grita algo y entre tanto alboroto no puedo entender nada, solo “Usad el agua en vosotros” Se acercan más nos gritan que nos mojemos con el agua que llevamos en las manos que después de eso se habrá acabado todo y que podremos estar en la mansión sin problemas. En un movimiento sincronizado, abrimos las botellas y nos rociamos unos a otros. Quema, esa agua quema y abrasa la piel. Caigo de rodillas gritando y creo que mis compañeros también lo hacen. Todo a mi alrededor es oscuro de repente y solo puedo concentrarme en el insoportable dolor que me sacude el cuerpo con cada gota que ese infernal ácido avanza por mi piel. Grito cuando el ácido comienza a quemar mis entrañas.
Luego todo está tranquilo. Ya no hay dolor, ni fuego, ni nada… Todo es oscuridad. Creo que estoy muerta y he de admitir que esto de la otra vida me desilusiona. Trato de moverme, pero me pesa el cuerpo o lo que sea que tengo ahora. Escucho la voz de una niña pequeña que canta una canción infantil. Entonces abro los ojos. Estoy tumbada en una cama. Me incorporo lentamente y miro como a la derecha de la cama la niña pequeña juega. Entonces se gira, me mira y sonríe. Miro a mi izquierda y veo mi reflejo en un espejo. Me observo durante largo rato y entonces lo comprendo todo. Mi piel está pálida, un pálido enfermizo. Tengo unas profundas ojeras a pesar de que estoy segura que he dormido mucho tiempo. Y tengo los labios pintados de rojo, de un rojo tan intenso que podría habérmelos pintado con sangre…
Alguien llama a la puerta y la Guía entra con una sonrisa. Escucho una voz gritar en la lejanía “¿Hola? ¿Hay alguien? Nos dijeron que viniéramos”
-- Será mejor que te levantes… tenemos trabajo…

lunes, 9 de julio de 2012

Portada: La Mansión de Los Horrores

Bueno normalmente no hago estas cosas, quiero decir, dedicarme ha hacer portadas, pero vi la foto por internet y dije: Dios mio es perfecta!! Y me puse a darle un par de retoques xDDD Espero que os guste.
Aquí la original:

Y aquí la fututra portada de la historia xDD:

Mansión de los Horrores


Salón y Comedor.

Me tiemblan las manos y noto las gotas de sudor resbalar frías por mi espalda. Los gritos se van acercando, o más bien somos nosotros los que vamos hacia ellos. Son voces masculinas, se insultan y noto un deje de dolor en ellas.
-- Que gran honor – dice la guía girándose hacia nosotros – vais a conocer al dueño de la Mansión, no sabéis lo afortunados que sois – sigue avanzando hasta que estamos frente a dos grandes puertas de madera. Las abre con un fuerte empujón y entramos en lo que debe ser el Salón Principal de la casa.
Sentado en una silla hay un hombre muy bien vestido, lleva una camisa blanca y una corbata. Es un chico joven, más de lo que me había imaginado en un principio. Tras él, otro chico alto con una cuchilla en la mano le está afeitando. Ambos están pálidos, como todos los demás, y me pregunto si acabaré así de blanca cuando llegue al final del recorrido. Me fijo en que el mayordomo lleva una soga atada al cuello. Nuestro anfitrión se pone en pie para darnos la bienvenida.
-- Mis queridos huéspedes – dice con una sonrisa que se me antoja siniestramente agradable – espero que el personal os esté tratando debidamente y que estéis eligiendo el papel que queréis desempeñar en este caserón – ninguno de nosotros sabe como reaccionar y él pierde la sonrisa ante nuestra aparente indiferencia. Se dio la vuelta con aire regio y se volvió a sentar. Con un movimiento de la mano, el mayordomo se acerca como para seguir afeitándole, pero agarrándole del  pelo y estirándole de la cabeza hacia atrás, hizo un corte de lado a lado de su cuello. La sangre empieza a brotar y resbala entre sus dedos cuando se lleva las manos al cuello. Debería caer al suelo, muerto, formar un charco de sangre a su alrededor, pero se pone en pie, sacude las manos salpicándonos a todos y se gira. Agarra la soga del cuello del mayordomo y tira bruscamente de ella, arrojando a ambos al suelo. Se enzarzan en una pelea y ruedan por el suelo, manchándolo todo de sangre a su paso. La guía llama nuestra atención con un grito que apenas entiendo y nos obliga a seguir avanzando, dejando a esos dos peleando a… diría que a muerte, pero algo me grita en la cabeza que llevan más tiempo muertos del que podría llegar a pensar.
Dos cadáveres acaban de saltar sobre nosotros, derribando a algunos entre gritos y arañazos. Por un momento el pánico prácticamente a reinado entre el grupo, ninguno se esperaba semejante ataque. Corremos hasta la siguiente habitación que encontramos, y poco después entre la guía con una risita. En el centro de la habitación hay una mesa iluminada con velas y dos chicos completamente iguales están al final de ella.
-- Me alegra… – dice uno.
-- Que hallan llegado – completa el otro.
-- Siéntense en la… -- pide el primero.
-- Mesa, por favor – termina el segundo. Dan demasiada grima, completándose las frases el uno al otro. Poco a poco nos vamos sentando alrededor de aquella mesa, mirándonos confusos los unos a los otros.
-- Esperamos que les…
-- guste la comida – traen una bandeja y dejan delante de nosotros unos platos que no tienen muy buena pinta. Para ser exactos, parece vómito revuelto con basura y mierda. Nos miran expectantes esperando que comamos.
-- Adelante, comed – dice la guía – es el plato especial… -- me llevo un poco de lo que fuera aquello a la boca y tengo que retirarme para vomitar. El regusto a bilis es más agravadle que el sabor de la comida, que solo me trae a la mente una pila de cadáveres humeantes.
-- ¿No os ha…
-- gustado? – me da miedo decirles la verdad y no se que responder. Nadie dice nada y ante esto los camareros enloquecen y empiezan a tirar la comida de la mesa a manotazo limpio, embadurnándonos en esa bazofia.
-- Será mejor que continuemos… -- dice la guía y su tono de voz consigue que se me retuerza el corazón con pánico – es hora de la misa de medianoche…

martes, 3 de julio de 2012

Mansión de los Horrores


La Mansión de los Horrores: Recepción y Cocinas.


Llegamos, y la primera visión del lugar consiga que me estremezca. Parece que no haya nadie a nuestro alrededor y todo se mantiene en el más absoluto de los silencios. No sabemos muy bien que hacer, todo es confuso. En el punto de partida nos dijeron que viniéramos aquí, que nos darían las instrucciones. Alguien dentro del grupo llama a gritos a alguien para que venga a atendernos, pero parece que solo la niebla le escuche. 

– Buenas noches – de la nada aparece una mujer y gritamos por el susto – gracias por venir, les estábamos esperando… – todo en ella da desconfianza y miedo. Va vestida con un vestido blanco, lleno de manchas marrones y rojas que espero que no sean de sangre y barro, por que si lo son nos hemos metido en la boca del lobo. Lleva el pelo totalmente enmarañado y cubriéndole la cara, de forma que solo podemos ver parte de un rostro pálido con ojeras, pero lo que me más me llama la atención son sus labios rojos, de un rojo tan intenso que podría pintárselos con sangre.
– Lamento la espera – dice con una sonrisa diabólica – pero estaba ocupada – le pone una mano en el hombro a alguien del grupo – pero ya estamos listos para la visita, bienvenidos a la Mansión – hace un ademán con la mano, indicándonos el camino – seguidme, yo os iré guiando por la casa y os iré diciendo cuales serán vuestras tareas mientras estéis aquí – empieza a andar delante de nosotros pero se para a mitad de camino y se gira rápidamente – y recordad que no debéis separaros del grupo por que si os perdéis, cosas horribles podrían pasaros – prosigue con su camino mientras nosotros andamos detrás. Llegamos a lo que debe ser la entrada principal, y nada más entrar unos golpes llaman nuestra atención, sobresaltándonos.
– Parece que alguien nos necesita en la cocina – dice la guía sonriendo de la manera más siniestra que me puedo imaginar. Nos lleva más adelante en el recorrido y cada paso que damos los golpes son más rápidos y fuertes. Por un segundo todo se queda en silencio.
– Mira, tenemos compañía entre los fogones – se escucha una voz desde algún sitio, aunque no podemos ver quien habla.
– Si, por fin han llegado los ayudantes – le responde otra voz desde el lado opuesto. Aparecen dos personas dando golpes con cucharas en cacerolas y se acercan a nosotros lentamente, dando un golpe con cada paso – se parecen bastante a nuestra guía, pálidos como cadáveres, con ojeras y los labios rojos como la sangre.
– Estos son los cocineros de la Mansión – explica la guía.
– Veamos quien de vosotros trabajará en las cocinas – siguen dando golpes a las cacerolas mientras nos gritan que nos sentemos. Les obedecemos rápidamente, ya que nos amenazan con la cubertería.
– Todo buen cocinero debe saber reconocer sus platos estrella – uno de ellos acerca una olla más grande y la pone en el centro del circulo – os iréis levantando e iréis diciendo que plato hemos cocinado… os voy a dar una pista para que os sea más sencillo… solo han muerto tres personas para hacer este plato… – la guía, y los dos cocineros sueltan una carcajada estridente y malvada.
Uno a uno nos levantamos y metemos las manos en aquella fuente. Esta cubierta por una tela negra con agujeros y no podemos ver lo que hay en el interior. Cuando lo toco, lo primero que se me viene a la mente es un cerebro humano. Lo que sea que estoy tocando esta pringoso y se me escurre entre los dedos, creo de verdad que lo que hay aquí estuvo antes dentro de la cabeza de alguien y cuanto más lo pienso más ganas de vomitar me entran. Cuando saco las manos, están completamente rojas, las miro y grito, cayéndome hacia atrás horrorizada. Los cocineros se ríen de mí y me miran.
Durante un segundo deseo quedarme en las cocinas, por sus caras puedo imaginar que lo que espera en el resto de la mansión es mucho peor. La guía nos hace ponernos de pie y les susurra algo al oído a los cocineros que nos miran uno a uno, sonríen y asienten. Durante un momento espero que hayan decidido que podemos quedarnos aquí y que la pesadilla no pasara de esas puertas, pero una serie de gritos me saca de mi ensoñación y la guía nos hace ponernos en marcha. Los cocineros nos despiden con golpes de cacerolas y vuelven a esconderse entre las sombras de donde salieron mientras nosotros avanzamos entre golpes y gritos. La pesadilla no ha hecho más que empezar.

jueves, 5 de abril de 2012

El Eco del Silencio (Título Provisional)

Capitulo 1: El recuerdo de un sueño.

Las mañanas de diciembre eran especialmente frías aquel invierno. Apretó con más fuerza la taza de café para calentarse las manos mientras miraba como el sol iluminaba poco a poco la ciudad, despertándola de su sueño para comenzar un nuevo día de actividad.  Aquella era una de las cosas positivas de dormir lo justo y necesario, poder ver el amanecer cada mañana sobre la pequeña ciudad de Salvezza. Sus ojos se volvían casi dorados con la luz del sol, que también hacía brillar su pelo castaño y liso y convertían su piel en blanca porcelana. Desde su piso podía ver prácticamente toda la ciudad y, si se esforzaba, veía parte del lago que daba nombre a la ciudad.
Se mudó a Salvezza hacía un par de años, cuando sus padres murieron y decidió que no podría seguir viviendo en una gran ciudad. Había comenzado de cero, aunque por las noches las pesadillas le recordaran que nada era perfecto. Había tenido pesadillas desde que era niña. Sus padres la llevaron a médicos y psicólogos, pero ninguna charla o medicamente había logrado hacerla descansar. Por eso, después de dormir lo justo, se levanta, se servía un café caliente y se sentaba a ver el amanecer. Leo era una chica fuerte, a pesar de haberlo perdido todo, seguía adelante con la mejor sonrisa, mostrándole al mundo que podía aguantar todo lo que se le viniera encima. Pero por las noches, cuando se tumbaba y cerraba los ojos, las imágenes se sucedían sin remedio. Grandes y épicas batallas donde moría gente, personas que eran importantes para ella, a pesar de solo haberles visto en sus pesadillas. También aparecía aquel chico pelirrojo, siempre estaba con ella, ayudándola y dándola ánimos, contándole su gran plan para salvar el mundo… solía despertarse sobresaltada, con la respiración agitada y los ojos llenos de lágrimas.
Oculto entre las sombras de los callejones, un chico pelirrojo observaba a Leo mientras se mordía el labio inferior. Había pasado mucho tiempo, pero no había cambiado nada. El mismo pelo color zanahoria, los mismos ojos verdes, el mismo cuerpo de veinteañero. Y tampoco habían cambiado sus sentimientos. Su corazón seguía acelerándose cada vez que la miraba, y es que ella tampoco había cambiado nada. A pesar del tiempo, de las batallas, del sufrimiento… nada en ella había cambiado, seguía siendo Leo.
--- Flashback---
Casi había perdido la esperanza de volver a verla cuando llegó a la ciudad. Era verano, y él cantaba en la estación detrás de su gorra, esperando que su arte le diera de comer. Había terminado una de sus canciones cuando escuchó el tintineo de las monedas al chocar unas contra otras. Levantó la vista para agradecerle el donativo cuando sus miradas se encontraron de nuevo después de tantos años.
-- Tienes mucho talento – dijo la chica con una amplia sonrisa.
-- Muchas gracias – respondió en un susurro apenas audible por la sorpresa.
-- Me llamo Leonor, pero prefiero que me llamen Leo – le tendió la mano.
-- A-Alex – tartamudeó dándole la mano.
-- Un placer, espero verte por aquí – y agarrando su maleta salió de la estación. Se giró un segundo antes de salir para mirarle de nuevo y por un momento creyó que le había reconocido ¿Era eso posible? ¿Había terminado por fin su espera?
--- FinFlashback---
Un fuerte dolor de cabeza le sacó de sus pensamientos y le obligó a llevarse las manos a las sienes y apoyar la espalda contra la pared.
-- Es preciosa ¿verdad? Más incluso que en 1914 – Ramesh apareció a su lado, en cuanto le vio, desapareció el dolor de cabeza – volvemos a vernos, Pelirrojo – el chico ni siquiera respondió, solo le miró con el mayor odio.
-- No te acerques a ella – respondió mientras su mano se iluminaba con su característico brillo dorado.
-- No montes escenas, no queremos que nuestra dulce Leo se de cuenta de que estamos aquí ¿verdad? No aún… -- el brillo se apagó, dándole la razón.
-- ¿Qué haces aquí? – preguntó Alex frunciendo el ceño con desconfianza.
-- Aun puede ser mía, este es mi nuevo comienzo y la oscuridad la llama tanto como la luz en este momento… aun puede caer – su único ojo visible se entrecerró a la vez que una sonrisa siniestra de dibujó en su rostro.
-- No te dejaré que te acerques a ella.
-- Intenta detenerme – un rayo dorado le lanzó lejos de la casa de Leo y Alex cayó sobre el, forcejeando sin tregua. Ramesh consiguió zafarse del agarre y empujó al pelirrojo lejos, sus manos se iluminaron con un resplandor azul y arremetió contra él intentando matarle de una vez por todas. Pero Alex era más rápido y le esquivó con facilidad, provocando que su ataque resquebrajara el muro de un edificio cercano. Alex se vio rodeado por unos látigos azules, que le atraparon como si de cuerdas se tratasen. El pelirrojo extendió su brillo dorado más allá de su agarre, pero no pudo evitar que Ramesh le elevara y le estampara contra el suelo. Su brillo se apagó durante un momento, no se movía, parecía que había perdido la conciencia. Uno de los mayores defectos de Ramesh, aparte de su evidente maldad, era su exceso de confianza, por lo que se acercó a su victima creyéndose el ganador del combate. No se esperaba que Alex le tumbase de nuevo y le agarrase del cuello hasta el punto de quedarse sin aire. Cuando sintió que la oscuridad estaba a punto de apoderarse de él, levantó las manos hasta la cabeza de Alex y un intenso dolor se apoderó de él. Gritó con desesperación, haciéndose un ovillo en el suelo y permitiendo que su enemigo se pusiera en pie. El pelirrojo intentó levantarse y huir, pero no llegó muy lejos, pues una patada del moreno volvió a tumbarle.
-- Espero que la próxima vez, estás a mi nivel… si no, vete despidiendo de ella… -- se giró con aires de grandeza y se alejó callejeando.
Cuando Ramesh se hubo marchado, Alex prácticamente se arrastró al punto donde la pelea había comenzado. Miró hacia la ventana donde antes estaba Leo, pero ya no había nadie. Creyó oír a alguien llamándole, pero antes de poder corroborarlo, se dejó llevar por la inconsciencia.

miércoles, 28 de marzo de 2012

El Eco del Silencio (Título Provisional)

Prólogo: La caja del Destino.

Aquel hombre corría bajo la lluvia. Apenas aparentaba venti-pocos años y su pelo pelirrojo destacaba sobre las calles grises y entristecidas por el mal tiempo. La gente pasaba a su lado, mirándole mal cada vez que se chocaba con alguno, sin saber que el destino del mundo, de todas y cada una de las personas de este planeta, estaba en sus manos. De él dependía todo,  absolutamente todo, lo que existía, había existido o existiría alguna vez. Jadeaba, y el vaho que salía de su boca se perdía en el cielo junto con las esperanzas de salir vivo de todo aquello, pero tenía la mirada fija en el frente y no dejaba que nada ni nadie le frenase, tenía que llegar a su destino a tiempo o todos sus sacrificios no habrían valido para nada. Se permitió pensar durante un segundo en todo lo que había perdido en aquella batalla, en todas las muertes, la destrucción y el sufrimiento que le había causado aquello que intentaba proteger en aquel momento con su vida. Y es que aunque le tentaba la idea de destruirlo, de vengarse por todo lo que había tenido que pasar, era incapaz de hacer nada. Solo podía avanzar a toda prisa hacia lo que seguramente sería su propia muerte.
El reloj de la torre de la estación dio las campanadas de manera molesta y estridente. Ya eran las nueve y apenas le quedaba tiempo. Corrió más deprisa, todo lo que sus piernas le permitieron hasta que llegó a su destino, cara a cara con la verdad.
-- Vaya, vaya Pelirrojo, no esperaba verte de nuevo tan pronto – dijo un hombre mientras se giraba. Era alto, musculoso e intimidante. Su melena negra, en contraste con una piel blanca como la nieve, se le pegaba empapada contra la cara, dándole un aire siniestro que le hizo estremecer. Su único ojo, azul como el océano, le observaba como queriendo traspasarle y la cicatriz que sobresalía encima y debajo del parche que le tapaba el otro ojo le inspiró una sonrisa de orgullo. Vestía todo de negro, como si estuviera de luto, y en cierto modo así era.
-- No tengo tiempo para tus tonterías, Ramesh – dijo el pelirrojo frunciendo el ceño – hay demasiado en juego – el malvado sonrió de medio lado y avanzó hacia su acompañante con aire de superioridad.
-- En ese caso no perdamos más el tiempo, ¿lo has traído? – preguntó Ramesh con tono de amenaza.
 -- Por supuesto – contestó el pelirrojo – pero antes quiero que me garantices mi parte del trato – el muchacho se apartó un par de pasos para poner tierra entre él y Ramesh.
-- ¿Y cómo pretendes que haga eso? – preguntó con una mueca parecida al asombro, todo lo parecida que podía ser viniendo de él – tendrás que fiarte de mí…
-- Eso nunca, bastardo – la mano de Ramesh comenzó a iluminarse con un resplandor azul y se alzó sobre el pelirrojo, que acto seguido sacó una caja de plata y se la tendió. El moreno se relajó al momento.
-- Buena elección, mi joven amigo – cogió la caja y se la guardó – y no te preocupes por tu parte, será tuya en cuanto compruebe que la mía está en orden…
-- ¿Cuándo será?
-- ¿Acaso quieres huir o esconderte? ¿Proteger a los tuyos?
-- Ya no me queda nada…
-- Yo no estaría tan seguro – Ramesh se puso enigmático – verás, a pesar de que te odio más que a cualquier otra persona, reconozco que me une a ti un vínculo especial… -- el pelirrojo sonrió con arrogancia, pero enseguida volvió a ponerse serio – así que voy a contarte un secreto que te interesa, Pelirrojo…
-- ¿Cuál?
-- La chica está viva – el pelirrojo se quedó mirándole con los ojos como platos. Eso no era posible, había muerto entre sus brazos en una de las batallas, había tomado su pulso, la había enterrado.
-- Eso es imposible… -- sintió como las lágrimas acudían a sus ojos, pero las contuvo, no podía mostrarse débil ante su enemigo.
-- Conservé su alma… así que volverá… pronto – Ramesh no dijo nada más y el pelirrojo le agarró por el cuello de la camisa.
-- ¿Dónde? ¿Cuándo? – le sacudió bruscamente, pero Ramesh se zafó del agarré y se alejó recolocándose la ropa.
-- Eso no puedo decírtelo, ni siquiera yo lo sé… pero supongo que a ambos nos interesa verla de nuevo… me encantaría volver a matarla – soltó una carcajada siniestra. Las manos del pelirrojo comenzaron a iluminarse con un resplandor dorado. Con un movimiento, un rayo de esa energía impactó contra Ramesh y le tiró al suelo, acallando su risa.
-- Morirás antes de que eso pase, lo juro Ramesh, te mataré… no parare hasta poder quemar tu cadáver – su mirada no admitía lugar a dudas, iba en serio, pero Ramesh no se amedrentó.
-- No ha podido detenerme esta vez, ¿Qué te hace pensar que sí podrá cuando vuelva?
-- Que esta vez no voy a dejarla ir – y le dio la espalda mientras volvía por donde había venido.